Monday, September 2, 2013

Predestined future. Predestinado


In the tea gardens of Bangladesh a family must have at least one worker to qualify to stay in the labor line or in the house given by the company or employer. If a worker loses his or her job, or retires and has no other member in the family to become a tea worker, he or she will lose the house given by the employer. The labor line is the last place for a tea worker. The situation in most cases leads the child of a tea worker to become a tea worker.
En las plantaciones de té de Bangladesh una familia debe tener al menos un trabajador para poder quedarse en la casa proporcionada por la compañía. Si un trabajador pierde su empleo o se jubila, y no hay ningún otro miembro de la familia para trabajar en la plantación, perderá el derecho a vivir en la casa. La “labor line” (grupo de casas de la empresa) es el destino final de un obrero del té. En la mayoría de los casos las circunstancias obligan a que el hijo de un obrero del té se convierta irremediablemente en un obrero del té.

Wednesday, August 28, 2013

Tea gardens near Srimongol (Bangladesh). Plantaciones de té cercanas a Srimongol

Nice video from Pavel Gospodinov showing the work in the tea gardens near Srimongol


Bonito vídeo de Pavel Gospodinov mostrando los trabajos en las plantaciones de té próximas a Srimongol


Friday, August 16, 2013

Preference for those most in need. Preferencia por los más necesitados




As Marist Brothers, working with young people is an essential part of our charisma and mission. We manifest a preference for those most in need. People from the Tea Gardens are amongst those living in the worst conditions in Bangladesh.
Como Hermanos Maristas, trabajar con jóvenes es parte esencial de nuestro carisma y nuestra misión. Manifestamos preferencia por los más necesitados. La gente de las plantaciones de té están entre aquellos que viven en peores condiciones en Bangladesh

Saturday, August 10, 2013

Desprotegidos. Unprotected




Without gloves, without mask, without any protection. Foremen refuse to protect their workers from the poison of insecticides.
Sin guantes, sin mascarilla, sin ninguna protección. Los capataces se niegan a proteger a sus trabajadores del veneno de los insecticidas.

Wednesday, July 31, 2013

Trapped. Atrapadas




It is 11 o’clock with the sun burning down from a cloudless sky. Dopho and her friend Surma are told to cut the tea shrubs along with a group of other women. Two supervisors watch the work. The workers must bring their own tools. Knives which cost 155 taka, three days’ wages, are used to cut the hard wood. The many hours of working in a stooping position goes into the bones. Mostly, the night is not enough for the body to recover but no one dares to miss a day. Surma confesses that she sometimes reaches her limit. “But I have to go on,” she says. Her face shows no expression. What alternative does she have? Her parents before her, worked as tea pickers. “The biggest problem is the house,” Dopho explains soberly: “If I would look for a different work, I would have no roof over my head anymore.” Most people think alike. This is the right of the tea companies. The rent free living, the isolated villages and the many years of refusal by the government to allow schools here all created this dependency from where they cannot escape.

(This post is taken partially from the missionay magazine KONTINENTE)
Son las 11 de la mañana y el sol arde en el despejado cielo. Dopho y su amiga Surma han recibido la orden de podar las matas de té junto con otras mujeres. Dos capataces las vigilan. Los trabajadores tienen que traer sus propias herramientas. Cuchillas que cuestan 155 takas, tres días de su salario. Las muchas horas de trabajo encorvadas les cala hasta los huesos. A menudo, el descanso nocturno no basta para recuperarse, pero a nadie se le ocurre faltar al trabajo al día siguiente. Surma confiesa que a veces llega al límite de sus fuerzas. “Pero tengo que ir a trabajar”, dice con una cara sin expresión. No tiene alternativa; sus padres antes que ella trabajaron como colectores de hojas de té. “El principal problema es la casa”, Dopho explica sobriamente, “Si me fuera de aquí a buscar otro trabajo, perdería la casa y no tendría un techo bajo el que cobijarme. “ La mayor parte de sus compañeras piensa igual. Es la “ley” de las compañías del té. Casuchas gratis para vivir, aldeas aisladas y demasiados años durante los cuales el Gobierno rechazó la creación de escuelas dentro de las plantaciones han creado una relación de dependencia de la que no pueden escapar.

(Este post ha sido tomado parcialmente de la revista misionera KONTINENTE)